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La tragedia de la información estadística en la Argentina

Semanario
Economía, Gobierno & Sociedad

Número 572 - 01/06/2014

Por Dr. Sergio Miguel Hauque (*)
Actualidad Económica

 

Hace ya bastante más de media década que las tradicionales críticas a los datos estadísticos de nuestro país se multiplicaron hasta el hartazgo. No hay argentino que no conozca este problema, pero quizás todavía infravaloramos sus consecuencias. Sin estadísticas confiables, no hay políticas públicas ni acciones privadas que se puedan fundar en datos cuantitativos razonables.

¿Cómo tomar decisiones correctas si no tenemos diagnósticos certeros? ¿Cómo tener diagnósticos certeros si el principal organismo estatal de estadísticas se encuentra bajo sospecha permanente? Conozco un investigador económico que abandonó definitivamente sus trabajos porque los datos que le servían como materia prima resultaban totalmente inconsistentes y era imposible recalcularlos. No tuve demasiados argumentos para refutarlo: ¿para qué queremos más investigación en aspectos sociales y económicos si no tenemos datos primarios medianamente confiables?

Entendamos que no es un problema que se limite a los índices de precios y que tampoco es un problema que se resuelve realizando un promedio simple de los índices que construyen consultoras privadas conforme la metodología del llamado “índice congreso”. Las estadísticas de un país como Argentina merecen mucho más. Es muy cierto un punto que señalan los que defienden al INDEC a capa y espada: sólo este instituto tiene la estructura material y humana necesaria para construir estadísticas científicamente válidas en el ámbito nacional. Ahora bien ¿qué hacemos si no lo hace?

Aunque supongamos que a partir de la introducción del nuevo IPCNu por parte del INDEC desde 2014, un nuevo viento soplará en el Instituto y se corregirán inmediatamente todos los indicadores que produce ¿qué hacemos con los datos presentados por períodos anteriores? No parece sencilla la solución, aún en este nuevo contexto:

• Los nuevos índices de precios vuelven a generar sospechas (en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso)

• Los indicadores demasiado inconsistentes con el pasado no se informan todavía (los problemas de “empalme” hicieron suspender la entrega de datos sobre pobreza e indigencia)

• Los intentos de recalcular datos anteriores del PBI disparan consecuencias jurídicas a menudo impredecibles (el cupón PBI 2009 por unos 2.000 millones de dólares se pagó por los datos “viejos” cuando por los “nuevos” no hubiera correspondido pagarse).

No imagino muy bien cómo ni cuándo, pero algo debemos hacer lo más rápido posible para enfrentar esta tragedia. Si el Estado Nacional no lo hace, porque no quiere, no puede o no debe hacerlo quizás por consejo de sus abogados, al menos las Universidades y los académicos argentinos deberán unirse para lograr datos creíbles para los períodos cuestionados y sistemas de empalme razonables con la época en que, más temprano que tarde, el sistema de estadísticas nacional renazca.

No son solo las voces de la oposición las que señalaron esta verdadera catástrofe. Vale la pena recordar las palabras de Alfredo Zaiat en Página 12:

“La intervención del Gobierno en el Indec destruyó la mucha o poca credibilidad que tenía el Sistema Nacional de Estadísticas Públicas. A lo largo de más de tres años, desde el comienzo de la crisis se criticó en más de una oportunidad la forma de los cambios realizados en la organización de esa dependencia y los movimientos abruptos de personal técnico y administrativo” (29 de mayo de 2010)

“Los índices oficiales de precios del Indec no tienen legitimidad social; las consultoras de la city se han equivocado persistentemente en sus pronósticos...El Instituto está transitando por su peor crisis y cada acción oficial para tratar de mejorar la situación la termina profundizando; varios de los denominados gurúes que circulan con frecuencia por los medios de comunicación trabajan para alguna fuerza política opositora… Es un panorama complejo lo que se ha instalado con las estadísticas, con la indudable responsabilidad primaria del Estado, que debe proveer indicadores confiables y hoy son cuestionados” (27 de marzo de 2011)

Los que intentaron defender las estadísticas de INDEC, lo hicieron de manera insostenible. En el Diario El Cronista el 28 de junio de 2013 el Director Técnico y el Director de Cuentas Nacionales del organismo argumentaron enfáticamente en una nota de respuesta al Dr. Llach al referirse a los datos del PIB 2013 que “el cálculo del PBI es científicamente irrefutable”. Solo diez meses después el mismo organismo con las mismas autoridades, escudándose en un cambio metodológico, alteró significativamente los mismos datos que defendía menos de un año atrás.

Si alguien tiene dudas sobre las inconsistencias de la información de INDEC, puede comprobar que aún hoy a partir de datos obtenidos en la página web del organismo se obtienen estos resultados para el período Diciembre 2006 a Diciembre 2013

• Aumento de los Precios al Consumidor Nivel General:  87,13%

• Aumento de Salarios (Coeficiente de Variación Salarial Nivel General):  348,96%

En otras palabras el INDEC nos dice que en ese período el porcentaje de aumento de los salarios cuadruplicó al de los precios al consumidor. Son esos los datos primarios que deberían sustentar las investigaciones económicas y sociales en nuestro país. Saque el lector sus propias conclusiones.

¿Cómo tomar decisiones correctas si no tenemos diagnósticos certeros? ¿Cómo tener diagnósticos certeros si el principal organismo estatal de estadísticas se encuentra bajo sospecha permanente?

 
(*) Colaborador de Fundación EGE
 
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